Inventado por papá, escrito por Sara.
Había una vez una señora que se llamaba Juana.
Juana tenía dos hijos: Juancito y Juanita.
Trabajaba planchando ropa y la gente le traía la ropa a su casa.
Juanita iba a cuarto grado y Juancito a tercero y cuando volvían a su casa, siempre le preguntaban: –Mamá, ¿te podemos ayudar?- pero su mamá les contestaba: –Ustedes vayan a jugar, este es mi trabajo –. Ellos insistían: –Tenés que tomarte un descanso-.
Así que un día, cuando volvieron de la escuela, pensaron: –Vamos a ayudar a mamá. Les vamos a preguntar a los vecinos si podemos barrer su vereda o limpiarles los vidrios-.
Así que tomaron rápido la leche y le dijeron a su mamá que iban a jugar a la plaza pero, en realidad, fueron a barrer las veredas y limpiar los vidrios.
Después, un poco más tarde, volvieron a la casa con $15 y la madre les preguntó: -¿De dónde sacaron toda esa plata?-, y los niños respondieron: –Les fuimos a limpiar la vereda a los vecinos para ayudarte con la plata-. La madre respondió: –Yo se que ustedes me quieren, y me quieren ayudar, pero ustedes tienen que aprovechar de ser niños, porque cuando sean grandes van a tener que trabajar y no van a poder jugar. Ya me voy a tomar unas vacaciones-
Y así fue. Los niños aprendieron y, otro día, los tres se fueron de vacaciones y vivieron muy felices.
Soy papá Enrique.Siempre mis hijas me han pedido que les invente cuentos para dormir. Decidimos guardarlos, para que no se pierdan. Soy hija Sara. Mi papá me ha contado cuentos desde chiquita.Yo los disfruto mucho. Decidimos hacer este blog, para disfrutarlos cuando queremos y grabarlo para mostrárselos a ustedes. Besos. Soy Maité, soy "la hija mayor". Y al igual que a Sara mi papá me contaba cuentos para dormir, que más que relajarme me hacían llorar de la risa.
lunes, 24 de agosto de 2015
domingo, 23 de agosto de 2015
Un cuento lanoso
Había una vez una mujer muy viejita que tenía un montón de ovillos de lana. Tenía muchísimos y, como no podía casi caminar ni hacer otra cosa, se la pasaba tejiendo.
Tejía y tejía, noche y día.
Tejía mantas. Muchas mantas. Como la señora ya estaba jubilada, se las daba a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos.
Pero, ya había tejido muchísimas y ya no sabía qué hacer con tantas.
Pasaron días y días. La señora seguía tejiendo, pero no había pensando que hacer con sus mantas.
Entonces, los hijos le preguntaron, - ¿estás bien?-
-Sí- les respondió la madre.
Los nietos preguntaron -¿estás bien?-
-Sí- les contestó la abuela.
-¿Estás bien?- le preguntaron los bisnietos.
–Sí- les contestó la bisabuela.
Hasta que un día, siguió tejiendo manta tras manta y las metió en una bolsa.
Todos le preguntaron -¿Qué va a hacer abuela?
-Ya van a ver- les dijo ella.
Cuando ya había hecho un montonazo de mantas, salió a la calle y todos la siguieron.
La abuela fue repartiendo mantas, casa por casa, pero no en cualquier casa, sino en las casas más pobres.
Y así fue que, desde ese día, esta abuela tejió mantas para su barrio, después para su pueblo después para su provincia, después para su país y después para el mundo.
Así que, si un día ven a una viejita regalando mantas a los pobres, es esta señora
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